Camino a lograr los objetivos del Acuerdo de París: la carrera hacia la meta
El 12 de diciembre del 2015, el mundo llegó a un consenso sobre el Acuerdo de París, un tratado universal y jurídicamente vinculante para combatir la catástrofe climática. Tuve el honor de estar presente en ese momento y de celebrar con miles de personas a cargo de las negociaciones mientras los y las líderes levantaban la mano muy en alto desde el podio.
En medio de la euforia, nuestro llamamiento a la acción era igual de alto y claro: cumplir nuestras promesas. Parecía imposible que no lo hiciéramos.
La promesa de París
¿Qué prometimos? En esencia, tres cosas.
- Primero, limitar el aumento de la temperatura global a menos de 2 °C, y preferiblemente a 1,5 ºC, por encima de los niveles preindustriales, con el objetivo de lograr la neutralidad climática en este siglo. Según estudios, limitar el aumento a 2 °C evitaría los efectos más catastróficos del cambio climático, y limitarlo a a 1,5 °C mantendría muchos estados insulares sobre el nivel del mar.
- Segundo, cada país podría establecer sus propias políticas climáticas. Para limitar el aumento de la temperatura, se tienen que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) mediante un aumento del recurso a energías renovables y un abandono de los combustibles fósiles de los cuales dependemos para tener electricidad, transporte, producción de alimentos, construcción, entre otros. Este cambio implica costos a corto plazo, pero beneficios a largo plazo, así que cada país debe determinar su propio camino en función de sus necesidades.
- Tercero, cada cinco años, todos los países incrementarían sus ambiciones en las contribuciones determinadas a nivel nacional (CDN). Aunque las primeras CDN no fueron suficientes para lograr los objetivos referentes a la temperatura, la idea era que las actualizaciones futuras acorten la brecha. Una carrera hacia la meta.
El progreso desde París: la falta de ambición
Diez años después, el progreso es lento. Las primeras CDN en 2015 situaron al mundo en una trayectoria de 3,7 °C. La segunda ronda, en 2021, la mejoró a 2, 7 °C en caso de que se implementaran por completo. A 11 de noviembre de 2025, con la COP30 en pleno auge en Belém (Brasil), 112 naciones han presentado sus CDN de tercera generación. En conjunto, los análisis iniciales apuntan a cierta reducción de las emisiones para el 2035 en relación a los niveles de 2019.
Pero aún está lejos de ser suficiente. Para cumplir con el objetivo de 1,5 °C es preciso reducir las emisiones en un 60 % para 2035 en comparación con los niveles del 2019. Ahora, superar temporalmente los 1,5°C es prácticamente inevitable y se necesitarán esfuerzos colosales para volver a reducir la temperatura.
Las crisis globales han ralentizado los avances. La COVID-19 y la guerra en Ucrania desencadenaron tensiones económicas, un aumento de la deuda y una restricción de los recursos disponibles, relegando la acción climática en las agendas. Además, ciertos cambios políticos han hecho que algunos gobiernos retrocedan en su liderazgo climático, generando aún más incertidumbre.
El panorama general: De determinadas a nivel nacional a reconocidas a nivel nacional
Está claro que aún no estamos cerca de la meta, pero las CDN aportan más que la suma de las distintas contribuciones. Si las miramos desde más cerca, cuentan una historia más esperanzadora.
En 2015, las CDN eran a menudo documentos imprecisos, redactados por los ministerios de relaciones exteriores o de medio ambiente con escasa participación de otras ramas del gobierno participaban muy poco y que, además, tenían poca conexión con los presupuestos nacionales. En la mayoría de los casos, no abarcaban todos los sectores emisores de GEI.
Sin embargo, la segunda generación incorporó más sectores y más gases, con objetivos más precisos y mayor apropiación por parte del conjunto del gobierno, aunque la ambición no aumentó de forma proporcional. Esta mayor apropiación también se reflejó en la participación de distintos ministerios, desde energía y transportes hasta economía, en conferencias sobre el clima donde los debates se centraron cada vez más en la descarbonización sectorial.
La tercera generación refuerza esta tendencia. Muchas se alinean con los planes nacionales en materia de biodiversidad, alimentación, igualdad de género y empleo. Son más ambiciosas y muchas han sido diseñadas para atraer inversiones para una economía verde. Las CDN reflejan cada vez más los cambios estructurales para los que se están preparando los países y, en la práctica, funcionan como planes de inversión para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Esta evolución concuerda con la realidad actual: ahora la energía renovable compite con los combustibles fósiles en términos de costos. Por medio de inversiones cuantiosas, incluso los países productores de petróleo reconocen la necesidad de apartarse de los combustibles fósiles, como se demostró en la COP28 en Dubái, donde todos los países se comprometieron a triplicar su capacidad de energía renovable y duplicar las mejoras en eficiencia energética para 2030.
Así pues, a pesar de la inestabilidad política, el trasfondo global es prometedor. Los países están sentando las bases para un crecimiento exponencial en términos de ambición y acción climática.
Apoyo a las CDN: la carrera es en conjunto
El cambio para lograr una mayor apropiación y ambición fue posible gracias a un esfuerzo meticuloso. Desde 2016, muchos asociados han colaborado con los países para que fortalezcan sus planes climáticos al alinear su ayuda con las prioridades nacionales y brindar asistencia técnica para acelerar la implementación de las CDN, mejorar la calidad, movilizar la financiación e integrar las CDN en los planes y presupuestos nacionales para el desarrollo.
Mediante la iniciativa Climate Promise, el sistema de las Naciones Unidas desempeña un papel central. En los últimos 18 meses, bajo el liderazgo articulador de las y los Coordinadores Residentes de Naciones Unidas y con el liderazgo técnico del PNUD, los equipos de Naciones Unidas en más de 100 países han ayudado a los gobiernos en la preparación de nuevas CDN. Al aprovechar toda la capacidad del sistema de desarrollo de las Naciones Unidas, las y los Coordinadores Residentes han ayudado a fomentar políticas climáticas más integradas y ambiciosas al brindar un acompañamiento estrecho a los ministerios nacionales.
- En Camboya, en consulta con mujeres y jóvenes, 12 entidades de Naciones Unidas respaldaron la incorporación de evaluaciones sectoriales con el fin de establecer metas bajo una nueva CDN, entre ellas una cuota del 80 % de utilización de energías renovables y un 60 % de cocinas limpias para 2035, reducir a la mitad la deforestación para 2030, y potenciar la adaptación con el objetivo de lograr una reducción del 55 % de GEI para 2035 en comparación con un escenario tendencial.
- En Ecuador, seis entidades de Naciones Unidas respaldaron la integración del clima en la política económica y en instrumentos financieros como el Bono Soberano Sostenible y las evaluaciones sobre la preparación del mercado de carbono. Todo esto contribuyó a establecer la primera meta de reducción de GEI a nivel de toda la economía: una reducción del 15 % para el 2026-2035 respecto a un escenario tendencial.
- En Nigeria, cinco entidades de Naciones Unidas contribuyeron a fijar una meta de reducción de GEI del 32 % a nivel de toda la economía para 2035 comparado con los niveles del 2018, aumentar la cuota de energías renovables del 22 % al 52 % para 2035, mejorar la eficiencia energética y fortalecer la adaptación con un enfoque en una transición justa y la inclusión social, en coherencia con los ODS.
Diez años después de París, una cosa está clara: cumplir nuestras promesas exige un esfuerzo constante por parte de todos los sectores y adecuado a la realidad de cada país. La tarea que tenemos por delante es descomunal, en especial si queremos limitar el rebase temporal y regresar al 1,5 °C. Sin embargo, como dijo recientemente el Secretario General António Guterres: “Superar los 1,5 °C tendrá consecuencias devastadoras… es absolutamente indispensable cambiar el rumbo”. Debemos avanzar, pero no desde cero, sino desde una década de progreso ganado con mucho esfuerzo. Ahora es el momento de aprovechar ese impulso. Aprovechemos el papel único de las Naciones Unidas, implementemos por completo las CDN existentes y preparemos el camino hacia una ambición mayor y una acción con más impacto. Juntos y juntas, podemos acelerar el paso y ganar esta carrera hacia la meta.
Este artículo fue escrito por Poorti Sapatnekar, Oficial de Desarrollo Sostenible, Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible. Para mayor información sobre la COP30, vea aquí.