Reflexiones desde el terreno: Lecciones para un desarrollo sostenible genuino
Por Allegra Baiocchi, Coordinadora Residente de las Naciones Unidas en Costa Rica
En pocos días cerraré un capítulo profesional y personal que me ha marcado profundamente: mi trabajo como Coordinadora Residente de las Naciones Unidas en Costa Rica. Me voy guiada por una convicción que se ha vuelto mi brújula: el desarrollo sostenible no es un discurso, sino una práctica diaria que se gana o se pierde en el terreno.
Costa Rica me enseñó que incluso los países con instituciones sólidas, altos niveles de capital humano y una democracia estable enfrentan tensiones complejas: desigualdades persistentes, presiones ambientales y un espacio digital que puede ser tanto una herramienta de progreso como un escenario de polarización. Quiero compartir cinco reflexiones para quienes apoyan los valores y principios que sustentan a la ONU.
1. Localizar no es “implementar”: es partir desde el origen
Los cambios estructurales y transformadores no “caen” desde arriba hacia las comunidades; nacen en ellas. La localización del desarrollo sostenible no puede ser un capítulo al final de un plan; debe integrarse desde la formulación, el diseño de los marcos de cooperación y la arquitectura de las alianzas. Para avanzar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), necesitamos la perspectiva y el compromiso de las autoridades locales y regionales.
En Costa Rica, este enfoque se concretó con la creación de la Red de Cantones Promotores de los ODS, que reúne a gobiernos locales para impulsar la Agenda 2030 desde la base. Hoy, más de la mitad de los cantones del país forman parte de esta iniciativa. Cuando una autoridad local alinea planificación, presupuesto y prioridades con los ODS, el desarrollo deja de ser una aspiración y se convierte en decisiones verificables. La coordinación entre municipios fortalece el aprendizaje mutuo, el intercambio de buenas prácticas y la cooperación frente a desafíos comunes.
En el terreno, he visto un compromiso real por identificar brechas, fijar prioridades y sostener políticas más allá de los ciclos políticos. Si el desarrollo no se percibe en la comunidad, difícilmente perdurará a nivel nacional.
2. La ONU agrega valor cuando ayuda a los países a “ver” para actuar
La ONU ayuda a los países a mirarse con honestidad y evidencia, sobre todo en temas complejos o sensibles. La Organización puede y debe ofrecer espacios técnicos, confiables y seguros que faciliten soluciones sólidas y políticas públicas de calidad.
En Costa Rica, la ONU trabajó con aliados para visibilizar el impacto del discurso de odio y la discriminación en el ecosistema digital. Como ha señalado el Secretario General, estos discursos socavan la tolerancia, la inclusión y la cohesión social, y pueden sentar las bases de la violencia.
Este riesgo se abordó mediante investigación sistemática y alianzas estratégicas, avanzando hacia una estrategia nacional. La lógica es clara: lo que no se mide no se reconoce, y lo que no se reconoce no se transforma.
La democracia del siglo XXI también se disputa en el ámbito digital, donde se moldean percepciones, se normalizan exclusiones o se protegen derechos. La ONU debe acompañar a los Estados en el desarrollo de herramientas para anticipar riesgos, salvaguardar derechos humanos y fortalecer la cohesión social.
3. Innovar es resolver mejor los problemas
La innovación no consiste en acumular herramientas, sino en aplicar enfoques nuevos para enfrentar desafíos reales. La inteligencia artificial (IA) puede amplificar desigualdades o acelerar soluciones, dependiendo de su gobernanza, capacidad institucional y enfoque ético.
La ONU apoyó al Gobierno en la creación de la primera guía nacional sobre el uso de IA en centros educativos y en la convocatoria del Primer Diálogo Nacional sobre la Ética de la IA, un espacio multiactor para generar consenso sobre principios, riesgos y oportunidades.
Además, la ONU fortalece la prospectiva y la anticipación estratégica, ayudando a los países a pensar más allá del corto plazo y a prepararse hoy para los desafíos del mañana.
4. El nivel de ingresos no determina la relevancia de la ONU
Existe la percepción de que los países de altos ingresos no necesitan el apoyo de la ONU. Sin embargo, en un mundo interdependiente, todos enfrentan desafíos que trascienden fronteras: movilidad humana, crisis climática, desinformación, riesgos cibernéticos y polarización social. Como establece la visión del Secretario General en Nuestra Agenda Común, ningún país puede resolver sus problemas solo.
Más allá de los recursos financieros, la ONU es un centro de pensamiento, una plataforma de diálogo y un apoyo técnico para decisiones complejas. La cooperación del siglo XXI va más allá de proyectos tradicionales: protege bienes públicos globales, sostiene la cohesión social y acompaña transformaciones complejas basadas en derechos humanos, evidencia y diálogo.
5. La coordinación multiplica impacto y credibilidad
La coordinación no debe confundirse con control, burocracia o dependencia. Es una capacidad para servir mejor. Cuando las agencias se unen en torno a prioridades claras, con coordinación efectiva y sólida capacidad técnica, la ONU responde con mayor relevancia, alcance y coherencia.
Nuestros marcos de cooperación existen para eso: organizar esfuerzos colectivos con dirección estratégica, movilizar alianzas y convertir objetivos en resultados medibles. Cuando la coordinación funciona, sucede algo fundamental: el país no ve “agencias”, ve soluciones. Ve un sistema que escucha, se adapta y entrega resultados.
Me voy de Costa Rica con humildad, porque las lecciones aprendidas también recuerdan lo que queda por hacer. Y me voy con esperanza, porque he visto alianzas improbables hacerse posibles, la evidencia abrir puertas políticas, a miles de personas asumir la Agenda de Desarrollo Sostenible como propia y a la ONU trabajar con profunda convicción de servicio.
Hoy, más que nunca, el desarrollo sostenible e inclusivo no necesita más promesas: necesita decisiones valientes, cooperación efectiva y humanidad compartida.
Este blog fue escrito por Allegra Baiocchi, Coordinadora Residente de las Naciones Unidas en Costa Rica. Visite el sitio web del equipo de la ONU para conocer más sobre su trabajo en el país.