El Trío de Río: Por qué las conferencias sobre el medio ambiente son importantes para la estabilidad y la prosperidad mundiales
Por Jaap van Hierden, Coordinador Residente de las Naciones Unidas en Mongolia; Françoise Jacob, Coordinadora Residente de las Naciones Unidas en Armenia; y Babatunde A. Ahonsi, Coordinador Residente de las Naciones Unidas en Turquía
Este año, Mongolia, Armenia y Türkiye serán protagonistas de los esfuerzos mundiales por hacer frente a tres de los retos medioambientales más importantes de nuestro tiempo: la desertificación, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático. Mongolia acogerá la COP17 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación en agosto; Armenia acogerá la COP17 del Convenio sobre la Diversidad Biológica en octubre; y Türkiye acogerá la COP31 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en noviembre.
Estas reuniones son algo más que “simples” conferencias sobre el medio ambiente. En ellas se abordan la transformación económica, el desarrollo sostenible, la estabilidad social y el futuro de la cooperación multilateral. En un contexto de tensiones geopolíticas, creciente inseguridad alimentaria y energética y desigualdades cada vez mayores, la acción ambiental no es un lujo. Es una inversión esencial para lograr un mundo más estable, justo y próspero.
El imperativo geopolítico de la acción ambiental
El mundo se reúne en un momento de profunda incertidumbre. Los conflictos en Oriente Medio están afectando al suministro energético, la seguridad alimentaria y la actividad económica, y son los países y las comunidades vulnerables quienes soportan la mayor carga. El aumento de los precios de los combustibles y los fertilizantes ponen en peligro las cosechas, los presupuestos públicos y los ingresos de los hogares. Estas crisis ponen de manifiesto hasta qué punto la seguridad ambiental está vinculada a la resiliencia económica y a la paz.
Este es precisamente el momento de invertir en el desarrollo sostenible, no como un costo, sino como una estrategia práctica de gestión de riesgos. La restitución de las tierras, las energías limpias, la protección de la biodiversidad y la seguridad hídrica pueden reducir la dependencia de las importaciones, fortalecer los sistemas alimentarios, crear puestos de trabajo y proteger los medios de vida. Posponer la acción solo aumentará los costes futuros y agravará el sufrimiento humano.
Por lo tanto, las conferencias del Trío de Río no se limitan a salvar árboles, proteger especies o reducir las emisiones. Las decisiones que se tomen en Ulán Bator, Ereván y Antalya ayudarán a determinar si los países pueden romper los ciclos de vulnerabilidad y construir economías resilientes que protejan los derechos y las oportunidades de las personas.
Muchas reuniones, un momento decisivo
Aunque las tres conferencias se rigen por convenciones diferentes surgidas de la Cumbre para la Tierra de Río de 1992, las cuestiones que abordan son inseparables. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la degradación de las tierras son síntomas de los mismos patrones insostenibles de producción y consumo. Además, se refuerzan entre sí: la sequía acelera la degradación de las tierras; las tierras degradadas socavan la biodiversidad; la pérdida de biodiversidad debilita los ecosistemas; y el debilitamiento de los ecosistemas intensifica los efectos del cambio climático.
La realidad de nuestros tres países lo demuestran con claridad.
En Mongolia, la creciente presión sobre los pastizales viene determinada por la degradación de las tierras, la pérdida de biodiversidad y la vulnerabilidad climática, factores que se refuerzan entre sí.
En Armenia, la tala, el sobrepastoreo, la agricultura y la minería están erosionando los frágiles ecosistemas forestales de los que dependen las comunidades rurales, con repercusiones negativas en la polinización y la depuración del agua.
En Türkiye, el calor extremo ha reducido el rendimiento de los cultivos de tomate de invernadero, al tiempo que ha incrementado considerablemente la demanda de riego y energía, lo que genera un círculo vicioso de vulnerabilidad.
No se trata de crisis independientes, sino de un único sistema sometido a presión.
Por eso, los gobiernos, las ciudades, la sociedad civil y las empresas deben considerar el Trío de Río como pilares de una única arquitectura para la resiliencia, no como momentos diplomáticos aislados. La coherencia de las políticas ya no es opcional: es la única forma de obtener resultados con la rapidez y la envergadura necesarias.
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua, que se celebrará en diciembre, articulará estas dimensiones y nos recordará que la seguridad hídrica es la base de la agricultura, la salud pública, los ecosistemas y los sistemas energéticos.
En conjunto, estas reuniones ofrecen a los países una oportunidad excepcional de armonizar la planificación del desarrollo, los compromisos climáticos, las estrategias de biodiversidad, las metas relativas a las tierras, los enfoques de financiamiento y la infraestructura digital en un único discurso nacional coherente que promueva el desarrollo sostenible y no deje a nadie atrás.
El financiamiento: una conversación ineludible
El hilo conductor fundamental de las tres COP de Río es el financiamiento: no solo cuánto hay disponible, sino también con qué coherencia se canaliza. Los países afrontan una brecha anual de varios billones de dólares para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, al tiempo que tratan de impulsar la acción climática, proteger la biodiversidad, restaurar las tierras, garantizar la seguridad alimentaria, reforzar la resiliencia hídrica y promover un crecimiento inclusivo.
La tarea que tenemos por delante no consiste únicamente en movilizar más recursos, sino en alinear fuentes de financiamiento fragmentadas en torno a objetivos nacionales comunes. El financiamiento público nacional debe marcar el rumbo a través de los presupuestos, las subvenciones, la política fiscal, la inversión pública y la contratación pública. El financiamiento público internacional y los fondos verticales deben reforzar ese rumbo, mientras que el capital privado puede movilizarse mediante conjuntos de proyectos más claras, instrumentos de distribución de riesgos y una normativa previsible. La filantropía y el financiamiento combinado pueden ayudar a preparar proyectos y a absorber los riesgos de las etapas iniciales.
Esto es importante porque el financiamiento va de la mano de la confianza. Las hojas de ruta nacionales integradas para los sistemas energéticos, alimentarios, terrestres, hídricos, urbanos y digitales pueden reducir la incertidumbre en materia de políticas, aclarar las disyuntivas y hacer que las oportunidades de inversión resulten más viables desde el punto de vista financiero.
Desde la necesidad de Mongolia de atraer inversiones para una agricultura resistente a la sequía, pasando por los esfuerzos de Armenia por movilizar financiamiento para la biodiversidad y promover cadenas de valor positivas para la naturaleza, hasta la ambición de Türkiye de desbloquear financiamiento climático para una industrialización verde y unas infraestructuras resilientes, la conclusión es la misma: los planes integrados reducen los riesgos, atraen inversiones y aceleran la ejecución.
Por lo tanto, el Trío de Río debe contribuir a que el debate pase de las promesas a los conjuntos de proyectos y de las oportunidades aisladas de financiamiento a estrategias que reúnan a todos los actores en torno a una misma mesa.
Ayudar a los gobiernos a encajar las piezas
Esta es la labor que las Naciones Unidas están apoyando en más de 160 países de todo el mundo. En nuestra calidad de Coordinadores Residentes de las Naciones Unidas, nuestra función consiste en ayudar a los gobiernos a aprovechar al máximo las oportunidades que ofrece el escenario mundial y movilizar todas las capacidades del sistema de las Naciones Unidas para obtener resultados a nivel nacional. Estamos contribuyendo a vincular los planes climáticos nacionales (CDN y PNA), las estrategias y planes de acción nacionales en materia de biodiversidad, las metas de neutralidad de la degradación de las tierras, las estrategias de financiamiento y las carteras de inversión. También contribuimos a articular la labor de los ministerios, la sociedad civil, el sector privado y las instituciones financieras internacionales en torno a opciones más claras y prioridades comunes.
En Mongolia, los preparativos para la COP17 sobre desertificación se están aprovechando para sentar las bases de un legado duradero en materia de desarrollo, mucho después de que las delegaciones hayan abandonado Ulán Bator. Los debates sobre restitución de tierras, gestión sostenible de los pastizales y resiliencia frente a la sequía están ayudando a conectar los compromisos ambientales mundiales con las prioridades nacionales de desarrollo. Ante la creciente presión sobre los pastizales, la gestión sostenible de las tierras, la restitución de los ecosistemas y la protección de los paisajes vulnerables ofrecen oportunidades para reforzar la biodiversidad y la resiliencia y mejorar las perspectivas económicas a largo plazo, en particular mediante el turismo basado en la naturaleza.
Mientras tanto, la Oficina de las Naciones Unidas en Armenia y sus asociados avanzan en los preparativos para la COP17 sobre biodiversidad, que se celebrará en octubre de 2026, mediante una labor de promoción de políticas que pone de manifiesto los vínculos indisociables entre la biodiversidad y el clima y que implica a todos los actores de la sociedad. En concreto, tender puentes de forma intencionada entre los medios de comunicación y la comunidad experta está allanando el camino hacia un espacio compartido en el que los conocimientos científicos convergen con una narrativa responsable: un paso esencial para desbloquear y armonizar el financiamiento. La Escuela de Medios de la COP17 aspira a convertirse en una iniciativa emblemática y un modelo con visión de futuro: una iniciativa escalable y lista para su aplicación que pueda adaptarse más allá de Armenia para promover una cobertura mediática de calidad de futuras COP en todo el mundo.
A través de su Estrategia de Participación para la COP31, las Naciones Unidas en Türkiye han reunido a una amplia coalición formada por representantes del gobierno, el sector empresarial, el mundo académico y la juventud, centrada en la economía circular, la descarbonización industrial, los sistemas alimentarios, el agua, la resiliencia urbana y una transición justa. Esto está contribuyendo a que el diálogo se traduzca en alianzas prácticas y soluciones escalables, al tiempo que garantiza que la diversidad de opiniones contribuya a dar forma a las decisiones del futuro.
Los diálogos sobre políticas con la Agencia Turca de Cooperación y Coordinación (TİKA) y el Campeón Climático de Alto Nivel de la COP31, con el apoyo de la Oficina de las Naciones Unidas para la Cooperación Sur-Sur, están canalizando el apoyo de las Naciones Unidas hacia una iniciativa climática de cooperación Sur-Sur y triangular impulsada desde Türkiye, que pondrá a disposición de los países en desarrollo soluciones prácticas, conocimientos especializados, tecnologías y financiamiento. Esto reviste especial importancia para los países menos adelantados y los pequeños Estados insulares en desarrollo, y constituye precisamente el tipo de enfoque integrado que reclama el Trío de Río: conectar la acción climática con la naturaleza, las tierras, la cooperación al desarrollo y la inversión.
Se trata de una oportunidad estratégica e inmediata: el Trío de Río puede ayudar a los países a pasar de las promesas a los conjuntos de proyectos, de los procesos paralelos a la acción coordinada y de la respuesta a las crisis a corto plazo a la resiliencia a largo plazo. En el caso de los países anfitriones el éxito no debería medirse únicamente por la calidad de la conferencia sino, en última instancia, por las alianzas, las inversiones y los cambios en las políticas que perduren mucho después de su clausura.
Una oportunidad para la acción colectiva
Lo que está en juego no podría ser más importante. Si seguimos tratando la tierra, la naturaleza, el clima, el agua, las ciudades y el financiamiento como cuestiones independientes, seguiremos persiguiendo crisis a medida que se multipliquen. Pero, si conectamos estos ámbitos en los planos político, financiero y práctico, podremos construir economías más resilientes, sociedades más seguras y un planeta capaz de sustentar a las generaciones futuras.
Esta es la promesa del Trío de Río. No son tres conferencias, sino una única oportunidad para elegir la coherencia frente a la fragmentación, la inversión frente a la demora y la seguridad colectiva frente a la vulnerabilidad compartida.
El mundo debe aprovecharla.
Si desea saber más sobre el trabajo de las Naciones Unidas en Mongolia, Armenia y Türkiye, visite las páginas web de los Equipos de País.