En Perú, el trabajo decente de una madre se convierte en la vía de salida del trabajo infantil para su hija
Guadalupe, una joven de 15 años de Lima, logró salir del trabajo infantil, una realidad que aún afecta a más de 600. 000 niñas y niños en el Perú. Su historia muestra cómo las estrategias de la OIT, desde la promoción del trabajo decente para las personas adultas hasta el fortalecimiento de soluciones basadas en la comunidad, pueden contribuir a romper el ciclo del trabajo infantil.
LIMA (OIT Noticias) – Guadalupe, de 15 años, solía despertarse en la oscuridad helada alrededor de las 3:00 de la madrugada para ayudar a su madre a preparar papas rellenas y sándwiches que luego vendían en el jirón Contumazá, en el centro de Lima, la capital del Perú.
Abrigada para protegerse del frío y todavía medio dormida, tomaba las bolsas y empezaba a pelar papas hasta que el sueño casi la vencía. Una vez terminado el trabajo, salía a calles donde el consumo abusivo de alcohol y la falta de vivienda eran habituales, siempre con el temor de que alguien pudiera robarle el dinero o quitarle la mercadería.
Su vida transcurría entre la venta matutina de sándwiches de pollo, hamburguesas, café y chocolate caliente hasta las 12:30, para luego asistir a la escuela hasta las 19:00. Al regresar a casa, hacía sus tareas escolares. Apenas tenía tiempo para descansar.
La historia de Guadalupe se recoge en Guadalupe’s Transition from Street Labour to the Library, un cortometraje encargado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como parte de su serie global Voices of Action. La serie presenta el trabajo de periodistas que producen relatos impactantes sobre el trabajo infantil en todo el mundo, y fue lanzada antes de la 6.ª Conferencia Mundial sobre la Eliminación del Trabajo Infantil, que se celebrará del 11 al 13 de febrero de 2026 en Marrakech, Marruecos.
El cortometraje, dirigido por la periodista Elizabeth Salazar, explora los factores que pueden abrir vías de salida del trabajo infantil en una ciudad que enfrenta complejos desafíos sociales.
Un refugio en la biblioteca
Incluso durante esos días agotadores, Guadalupe encontraba breves momentos de alivio en la biblioteca del barrio. Con poco tiempo libre entre el trabajo, la escuela y las responsabilidades del hogar, pasaba por allí siempre que podía. Pronto empezó a leer, pintar y aprender, y fue descubriendo un espacio que le permitía imaginar un proyecto de vida camino diferente, en el que el estudio podía convertirse en su prioridad.
Lo que comenzó como una iniciativa sencilla para ofrecer libros a las niñas y los niños del barrio se convirtió rápidamente en un espacio donde también aprendían a leer y a escribir: un refugio comunitario en un barrio que se enfrentaba a múltiples desafíos sociales, como el comercio sexual, el consumo de alcohol en la vía pública, las peleas y el consumo de drogas.
El punto de inflexión
El verdadero punto de inflexión en la vida de Guadalupe llegó cuando su madre, Liliana, encontró trabajo como empleada doméstica con un salario fijo y horarios regulares. Por primera vez, el hogar dejó de depender de la venta de comida en la madrugada para generar ingresos, y Guadalupe ya no tuvo que acompañar a su madre antes del amanecer.
Las jornadas de trabajo de madrugada y la tensión constante de conciliar escuela, trabajo y descanso quedaron atrás. Guadalupe puede ahora asistir a la escuela con un horario regular, dormir adecuadamente y disponer de más tiempo para el estudio y descanso.
La biblioteca adquirió también un nuevo significado en su vida. Lo que antes era una visita ocasional pasó a ser una parte central de su rutina diaria. Hoy puede dedicarse plenamente a lo que descubrió que más le gusta: leer, escribir y compartir tiempo con otras personas.
Con más tiempo para sí misma, Guadalupe acude ahora a la biblioteca del barrio para leer y disfrutar del aprendizaje, algo que solo fue posible cuando el trabajo de madrugada dejó de formar parte de su rutina diaria.
Nuevos horizontes
Hoy, rodeada de los libros que ayudaron a moldear sus aspiraciones, Guadalupe afirma que la biblioteca la hizo pensar de una manera muy distinta y subraya que el estudio debe ser lo primero. Sueña con ser periodista porque le gusta conversar con la gente, hacer preguntas y escribir.
En la biblioteca del barrio, Guadalupe pasa tiempo con otros niños y con las personas que gestionan el espacio, imaginando nuevas oportunidades ahora que su madre tiene un trabajo con condiciones más estables y ella ya no tiene que trabajar en la calle.
Si bien Guadalupe logró salir del trabajo infantil, en el Perú todavía hay 671.987 niñas y niños en situación de trabajo infantil. Representan el 8,8 por ciento de todas las niñas y niños de 5 a 17 años, con tasas que alcanzan el 24,5 por ciento en las zonas rurales, frente al 4,3 por ciento en las ciudades, según datos de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO 2024).
No obstante, el país continúa sus esfuerzos para avanzar en la eliminación del trabajo infantil. En la última década, el Perú ha contribuido a los esfuerzos regionales y mundiales mediante intervenciones territoriales, coordinación interinstitucional, compromiso político, participación del sector privado y la implicación de la sociedad civil.
Esta realidad adquiere especial relevancia en vísperas de la 6.ª Conferencia Mundial sobre la Eliminación del Trabajo Infantil, que pondrá de relieve que el acceso al trabajo decente para las personas adultas es un factor clave para abordar el trabajo infantil, mientras que los espacios comunitarios, como las bibliotecas, contribuyen a crear entornos de protección y a ampliar las oportunidades educativas para niñas y niños.
Este artículo fue originalmente publicado por la OIT. Visite el sitio web del equipo de la ONU para obtener más información sobre el trabajo de la ONU en Perú.