Los países enfrentan decisiones difíciles. Esto es lo que esperan de las Naciones Unidas.
Una madre se pregunta si puede permitirse perder un día de trabajo para llevar a su hijo o hija a la clínica. Una agricultora decide si plantar o no a pesar del agravamiento de las sequías y la incertidumbre de las lluvias. Una persona joven se pregunta si las habilidades que está adquiriendo en el presente le abrirán puertas en el futuro.
Detrás de estas luchas individuales se esconden decisiones cada vez más complejas por parte de los gobiernos. A medida que la carga de la deuda aumenta, los presupuestos de ayuda se reducen y las perturbaciones relacionadas con el clima y los conflictos se intensifican, los países afrontan una presión creciente para proteger servicios esenciales mientras continúan invirtiendo en el futuro de sus habitantes.
Estas preguntas estuvieron en el centro de los debates durante la serie de sesiones sobre actividades operacionales para el desarrollo del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC), un foro anual en el cual los gobiernos debaten cómo el sistema de las Naciones Unidas para el desarrollo puede mejorar el apoyo que brinda a los países en la respuesta a los desafíos para el desarrollo y en la aceleración de los avances hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible, desde educación de calidad y seguridad alimentaria hasta energía limpia, transformación digital y comunidades resilientes.
Los debates de este año reflejaron la realidad a la que muchos países se enfrentan:
- La carga del servicio de la deuda en los países en desarrollo ha alcanzado niveles sin precedentes en dos décadas.
- Actualmente, cuarenta y cinco países en desarrollo destinan más recursos a pagar los intereses de la deuda que en asistencia médica.
- La asistencia oficial para el desarrollo cayó como nunca antes en un 23 % en 2025.
- La brecha de financiamiento anual para el desarrollo sostenible supera los 4,3 billones de dólares.
En este contexto, ¿cómo pueden las Naciones Unidas fortalecer la capacidad de los países para obtener resultados en beneficio de su población?
Los países piden un respaldo que fortalezca la ejecución de programas, sistemas y servicios
A pesar de contextos y prioridades diversas, los gobiernos coincidieron en un mensaje en común: la cooperación internacional funciona mejor cuando se basa en las prioridades nacionales y fortalece la capacidad de los países para abordar desafíos cada vez más complejos.
Los países solicitaron un respaldo que sea:
- más fácil de acceder y abordar;
- transparente cuando se trata de recursos, planes y resultados;
- más eficaz a la hora de evitar la duplicación y fragmentación;
- equipado para movilizar y alinear el financiamiento con las prioridades nacionales;
- enfocado en mejorar la vida de las personas de manera tangible;
- adaptado a los contextos y las prioridades nacionales.
El mensaje fue claro: los países no están pidiendo más procesos. Están pidiendo un respaldo que fortalezca su capacidad para obtener resultados.
Convertir el financiamiento en mejores resultados para las comunidades
En la República Dominicana, la Coordinadora Residente Julia Sánchez explicó cómo el apoyo coordinado facilita la vinculación de las prioridades nacionales con mayores oportunidades de financiamiento.
Una iniciativa del Fondo Conjunto para los ODS centrada en sistemas alimentarios generó evidencia y alianzas que contribuyeron a movilizar financiamiento adicional por parte de instituciones financieras internacionales y respaldó los esfuerzos para fortalecer la seguridad alimentaria y construir medios de vida más resilientes.
En el ámbito de la asistencia médica, las Naciones Unidas ayudaron a que las instituciones gubernamentales y los asociados para el desarrollo concordaran en una estrategia nacional única para la atención primaria de salud, de modo que las inversiones se alineen en torno a las prioridades definidas por los países en lugar de crear múltiples iniciativas que no se relacionan entre sí.
Esta experiencia ilustra cómo la coordinación puede ayudar a los países a maximizar el impacto de recursos limitados al conectar prioridades, conocimiento especializado y financiamiento en torno a objetivos compartidos.
Así como señaló la Coordinadora Residente, el valor de las Naciones Unidas en países de ingresos medianos es a menudo catalítico: identificar prioridades, reunir a los asociados indicados, poner a prueba soluciones y alinear el financiamiento en torno a las iniciativas lideradas por los propios países.
Vincular acción climática, empleo e inversión
En Sudáfrica, el Coordinador Residente Nelson Muffuh resaltó la importancia de convertir las ambiciones políticas en acción práctica.
El equipo de las Naciones Unidas fomenta la colaboración entre instituciones gubernamentales con el fin de conectar la planificación, la elaboración de presupuestos y las decisiones de inversión con respecto a la Transición Energética Justa del país.
El objetivo va más allá de la mera acción climática.
Se trata de asegurar que la transición genere empleo, atraiga inversiones y fortalezca la resiliencia en las comunidades que se enfrentan a cambios económicos y ambientales.
La experiencia pone énfasis en un aspecto importante que plantean muchos países: sin coordinación, el financiamiento, el asesoramiento en materia políticas y el fortalecimiento institucional corren el riesgo de convertirse en esfuerzos desconectados entre sí, en lugar de respuestas coherentes a las prioridades nacionales.
Proteger los avances en materia de desarrollo en tiempos de crisis
La experiencia en Moldova demostró lo importante que son la flexibilidad y las alianzas cuando los países se enfrentan a múltiples perturbaciones al mismo tiempo.
El Coordinador Residente Yasim Oruc describió cómo la guerra en la vecina Ucrania, la gran afluencia de personas refugiadas, el incremento en los precios de la energía y la presión creciente sobre los presupuestos de los hogares amenazaron con revertir años de progreso en materia de desarrollo.
Responder de manera efectiva requirió un liderazgo nacional sólido, financiamiento flexible y asociados dispuestos a trabajar más allá de los límites institucionales.
Esta experiencia puso de manifiesto una lección aún mayor:
Los países necesitan sistemas de respaldo que respondan ante las crisis mientras siguen avanzando en sus prioridades de desarrollo a largo plazo.
Llevar los conocimientos técnicos dónde se necesitan y cuándo se necesitan
Diversos debates se centraron en otro desafío: asegurar que los países puedan acceder a conocimientos especializados de manera rápida y eficiente.
Stephen Jackson, Coordinador Residente en China, señaló que los gobiernos necesitan cada vez más un apoyo técnico oportuno, incluso donde mantener una presencia permanente de cada una de las instituciones no resulta práctico ni necesario.
Los Coordinadores y Coordinadoras Residentes ayudan a los gobiernos a abordar y aprovechar los conocimientos especializados de todo el sistema de las Naciones Unidas para el desarrollo, al conectar los países con el respaldo dónde se necesitan y cuándo se necesitan.
Cómo definen los países el éxito
En todos los debates, los gobiernos describieron una visión práctica de la cooperación internacional:
- Financiamiento que respalde las prioridades nacionales.
- Conocimientos especializados que alcance lleguen a los países cuando sea necesario.
- Alianzas que reduzcan la fragmentación en lugar de incrementarla.
- Datos y análisis que ayuden a que los gobiernos se a anticiparse y dar respuesta anticipen y respondan a los desafíos emergentes.
- Respaldo que contribuya a una mejor asistencia médica, sistemas alimentarios fortalecidos, empleos decentes, mejor educación, acceso a energía y una mayor resiliencia.
Los países también pusieron énfasis en que la coordinación efectiva no puede reemplazar un financiamiento adecuado.
Mientras los gobiernos trabajan para acelerar el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los dos elementos siguen siendo indispensables: un respaldo que fortalezca la capacidad de los países para obtener resultados y un financiamiento predecible que les permita sostenerlos.
A menos de cinco años para 2030, los países dejaron en claro que, en última instancia, el éxito de la cooperación internacional para el desarrollo se medirá no por los procesos que esta genere, sino por su capacidad para fortalecer la capacidad de los países para convertir las prioridades en progreso y para mejorar la vida de las personas.
En un mundo de necesidades en incremento y recursos limitados, los países reclaman un respaldo práctico, ágil y centrado en lo que más importa: fortalecer su capacidad para obtener resultados visibles y tangibles para la población.