México: Cuando migrar se vuelve una cuestión de supervivencia
Voluntarias ONU con ONU Mujeres acompañan a mujeres en su movilidad.
Los logros se construyen en comunidad. ¿Pero qué pasa cuando esa comunidad desaparece de un día para otro? ¿Qué pasa cuando te ves forzada a cruzar una frontera sin saber cuáles son tus derechos, si tus hijas e hijos podrán ir a la escuela, o dónde encontrar los servicios más básicos?
Para millones de personas en movimiento, la incertidumbre no es la excepción: es la vida cotidiana.
Para las mujeres y las personas LGBTIQ+ en movilidad en México, la incertidumbre es más que una sensación: puede ser una cuestión de supervivencia. Cada trayecto implica el riesgo de violencia sexual, trata de personas, explotación laboral y exclusión de los servicios básicos de salud y protección. Sus experiencias, sin embargo, están lejos de ser iguales. En un mismo país, una persona puede estar solicitando asilo, huyendo de la violencia o enfrentando una deportación, todo mientras transita por sistemas que muchas veces no alcanzan a ver la complejidad de su realidad.
Entrada en acción
Junto con el Gobierno de México, ONU Mujeres, en alianza con la Secretaría de las Mujeres, responde a través del Programa "Centros Multiservicios para la Inclusión y el Desarrollo": espacios que ofrecen atención integral y personalizada a mujeres retornadas, migrantes y refugiadas en todo el país, para que puedan tomar decisiones informadas sobre su vida y la de sus familias.
Mantener esa respuesta en marcha exige más que buenas intenciones. Exige coordinación, orientación jurídica, contención emocional y sistemas que resistan la presión, no solo una política de papel.
Ahí es donde cuatro Voluntarias ONU, sirviendo junto a ONU Mujeres en México y la Secretaría de las Mujeres, entran en acción.
Abriendo puertas
En Ciudad Juárez, frontera norte con Estados Unidos, Patricia Larrea, Voluntaria ONU y coordinadora del equipo, trabaja en la respuesta para mujeres desplazadas.
"Me coordino con colegas, organismos internacionales e instituciones de nivel local, federal y nacional, abogando por la idea de trabajar juntas para brindar una atención integral", cuenta.
Su rol incluye además una función de control de calidad decisiva: asegurar que lo que está escrito en el papel efectivamente se cumpla.
"Una institución de gobierno puede haber incorporado la perspectiva de género en sus protocolos, pero solo al interactuar con mujeres en situación de movilidad podemos verificar si esos protocolos son realmente efectivos. Y si no lo son, tenemos que trabajar en conjunto para encontrar soluciones realistas que respondan a las necesidades de las mujeres", explica Patricia.
Sensibilizando
Una vez dentro del sistema, la primera pregunta de cada mujer es la misma: ¿cuáles son mis derechos? En Tijuana, Alejandra Domínguez, Voluntaria ONU, responde esa pregunta a diario brindando orientación jurídica a mujeres y personas LGBTIQ+ que consultan sobre distintos procesos migratorios. Con las mujeres desplazadas dentro del país, su trabajo se centra en vincularlas con programas sociales; con las personas deportadas, informa sobre la documentación necesaria y ayuda a hacer posible la reunificación familiar. Alejandra también capacita a instituciones y organizaciones civiles de Tijuana en el manejo ético de casos de violencia sexual, diversidad, inclusión y lenguaje incluyente, con enfoque de derechos humanos y protección.
"Acompaño a las mujeres que llegan a México en el acceso a trámites y derechos humanos, ayudándolas a entender que, sin importar de dónde vengan, tienen los mismos derechos que cualquier otra mujer, porque esos derechos son universales", explica.
Acompañando a las mujeres
Conocer la ley casi nunca alcanza. Migrar en busca de una vida mejor puede ser estresante, intimidante y confuso, y la decisión de ejercer un derecho muchas veces depende de algo que ningún protocolo puede resolver por sí solo. Ana Vázquez Flores es Voluntaria ONU y brinda apoyo psicosocial a personas solicitantes de asilo y a quienes migran hacia y desde México.
"Una mujer puede conocer sus derechos y saber cómo ejercerlos, pero la decisión de hacerlo efectivamente está atravesada a veces por la baja autoestima, el miedo y la incertidumbre", explica Ana.
Entre enero y abril de 2026, Ana y su equipo atendieron a más de 1,000 personas en el Centro Multiservicios de Tapachula mediante talleres, charlas y orientación individual.
“Acompañamos a las mujeres para que se sientan seguras al tomar decisiones, al presentar una denuncia, al reconstruir su autoestima y al empoderarse”, comparte la Voluntaria ONU Ana Vázquez Flores.
Promoviendo la igualdad de género
Las personas que buscan protección quizá nunca lo vean, pero parte del trabajo más importante ocurre lejos de la primera línea. Cada caso, cada dificultad, cada lección aprendida debe registrarse y convertirse en sistemas más sólidos, para que la próxima persona que llegue en crisis reciba mejor atención que la anterior. Erika Troncoso Saavedra, Voluntaria ONU especializada en violencia de género y movilidad humana, trabaja con ese objetivo.
El desafío, señala, es que los dos niveles no siempre están conectados. Por eso impulsa el diálogo entre el sistema de protección para mujeres víctimas de violencia —principalmente la Secretaría de las Mujeres— y quienes trabajan directamente con poblaciones en movimiento: "Estamos realizando sesiones con personas funcionarias públicas, dependencias y organizaciones en Tapachula, Ciudad Juárez y Tijuana para sensibilizar sobre atención y violencia de género".
"Mi tarea principal es dar a quienes trabajan en el terreno las herramientas para hacer su trabajo lo mejor posible. Eso implica revisar tanto la normativa como las capacidades de respuesta que realmente existen en campo", dice.
Más que acompañamiento: un camino de vuelta al poder
Coordinar. Orientar. Acompañar. Sistematizar. En el papel son funciones distintas. En la realidad, todas son respuestas a la misma pregunta: ¿cómo se ayuda a alguien a recuperar una vida que la violencia, el desplazamiento y la incertidumbre intentaron arrebatarle?
Cada día, estas Voluntarias ONU enfrentan una realidad que pocas personas ven: la diferencia entre la vulnerabilidad y la protección puede reducirse a una sola conversación, a una solicitud hecha a tiempo o a un sistema que funcione efectivamente. Y sin proponérselo, Alejandra lo resume mejor que nadie: ser voluntaria en esta asignación consiste, en última instancia, en devolver poder a quienes se les ha quitado.
"El solo hecho de que hayan salido de sus lugares de origen, con tres hijos... me pregunto todos los días si yo podría hacer eso, sin dinero en el bolsillo y con un futuro lleno de incertidumbre".
Esta iniciativa se realiza en el marco del Programa “Centros Multiservicios de Inclusión y Desarrollo”, realizado por el Gobierno de México bajo el liderazgo de la Secretaría de Relaciones Exteriores, gestionado por la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS) e implementado con el apoyo de agencias de Naciones Unidas. Este programa se centra en brindar una atención integral y personalizada a personas retornadas, migrantes, refugiadas y en otras formas de movilidad humana, siguiendo un enfoque humanista y de derechos humanos.
La Voluntaria en Línea Ana Sofía Erath contribuyó a esta historia, en el marco del Programa "Centros Multiservicios para la Inclusión y el Desarrollo", liderado por la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, administrado por UNOPS e implementado con el apoyo de agencias de las Naciones Unidas.
Esta historia fue publicada originalmente por Voluntarios de las Naciones Unidas. Si desea saber más sobre el trabajo de las Naciones Unidas en México, consulte la página web del Equipo de las Naciones Unidas en el País.