Quedan 10 años para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, también conocidos como ODS. Los mismos constituyen la ambiciosa lista de tareas pendientes para la prosperidad y la paz que los países y territorios del mundo acordaron en las Naciones Unidas en 2015.
La pandemia de COVID-19 ha sacudido al mundo en su núcleo, profundizando las desigualdades preexistentes. Esta crisis mundial ha intensificado la violencia contra las mujeres y las niñas, y ha impedido aún más que mil millones de personas que viven con discapacidades obtengan acceso a la educación y a servicios vitales para salvar vidas.
Con una población de solo 18 millones de personas, Malawi resulta ser un país bastante pequeño. Esta nación se encuentra entre los países más pobres del mundo. En el 10% inferior del Índice de Desarrollo Humano.
Nos enfrentamos a una pandemia devastadora, a niveles nunca antes vistos de calentamiento global, a nuevas cotas de degradación ecológica y a nuevos reveses en nuestra labor en pos de los objetivos mundiales de un desarrollo más equitativo, inclusivo y sostenible.
Para los 16 días de activismo contra la violencia de género, el llamado de la ONU a “pintar el mundo de naranja” se acompaña de la reivindicación urgente de “financiar, responder, prevenir y recopilar”, es decir, subsanar las brechas de financiación, asegurar servicios esenciales para las sobrevivientes de la violencia, y centrarse en la prevención y en la recopilación de los datos que necesitamos para adaptar y mejorar los servicios que salvan vidas de mujeres y niñas. Este año les pasamos el micrófono a ellas para escuchar sus relatos.
A veces, la crisis en África occidental y la región del Sahel es tan difícil y tan complicada que parece prácticamente irresoluble. Pero donde muchas personas ven solo una misión imposible, las Naciones Unidas ven una oportunidad.
El hambre global y el desplazamiento de la población, que ya estaban en niveles récord cuando golpeó el virus COVID-19, podrían "aumentar" a medida que los migrantes, y aquellos que dependen de un flujo menguante de remesas, buscan desesperadamente trabajo para mantener a sus familias, advirtió un nuevo informe de la ONU.
Para los agricultores de Myanmar, la pandemia de COVID-19 se suma a la creciente imprevisibilidad, en un sector que ya lucha por hacer frente a los efectos del cambio climático. La ONU está trabajando en estrecha colaboración con el gobierno del país para ayudarlos a adaptarse y prosperar.
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