Desde que COVID-19 cambió nuestro mundo para siempre, las expresiones de alarma y miedo se han combinado con optimismo y esperanza. En todo nuestro planeta, nuestra comunidad global se ha adaptado a las nuevas normas sociales, ha sufrido pérdidas extremas y se prepara para los impactos a mediano y largo plazo de una drástica crisis económica.
Cuando el implacable conflicto de Yemen llegó a la ciudad de Taizz, Ashwaq vio cómo su vecindario se desmoronaba. En medio de los bombardeos, su casa se incendió. Ella, su esposo y sus cuatro hijos—incluido un hijo que es paralítico—huyeron para salvar sus vidas.
Cuando el desastre golpeó el corazón de Beirut, el Líbano ya se estaba recuperando de los disturbios civiles, las dificultades económicas y financieras, el aumento de la pobreza y el desempleo agravados por las tensiones políticas y un número vertiginoso de casos de COVID-19. Esto se ha visto agravado aún más por la pesada responsabilidad derivada de refugiados sirios y palestinos.
A medida que el mundo concluye el año 2020, reconocemos los continuos esfuerzos coordinados de los equipos de la ONU en todo el mundo. Hoy, destacamos parte del trabajo que se lleva a cabo en todo el mundo.
Kika se para fuera de su puerta y saluda a sus vecinos antes de abrir la puerta azul que conduce a su sala de estar. En el otro extremo hay un televisor que funciona con energía solar, cuidadosamente rodeado por un grupo de asientos de plástico. Desde que se completó su nueva casa hace casi un año, la vida de Kika ha cambiado para mejor.
Un poeta y compositor llamado Jotamont escribió que las islas de Cabo Verde son “Diez Pequeños Granos de Tierra” en el medio del Atlántico—una pequeña nación archipiélago a 500 kilómetros de la costa oeste de África. Las Naciones Unidas (ONU) ha estado allí presente apoyado a la nación de Cabo Verde durante sus 45 años de independencia
La pandemia de COVID-19 ha sacudido al mundo en su núcleo, profundizando las desigualdades preexistentes. Esta crisis mundial ha intensificado la violencia contra las mujeres y las niñas, y ha impedido aún más que mil millones de personas que viven con discapacidades obtengan acceso a la educación y a servicios vitales para salvar vidas.
Nos enfrentamos a una pandemia devastadora, a niveles nunca antes vistos de calentamiento global, a nuevas cotas de degradación ecológica y a nuevos reveses en nuestra labor en pos de los objetivos mundiales de un desarrollo más equitativo, inclusivo y sostenible.