Los equipos de las Naciones Unidas continúan trabajando con las autoridades nacionales y locales en todo el mundo para garantizar la seguridad y dignidad de los refugiados y migrantes, las comunidades indígenas y los niños. Sus esfuerzos apoyan el mejoramiento de las condiciones socioeconómicas y de salud de los países, incluidas mejores condiciones de vida para las personas en mayor riesgo, capacitación, suministros y equipo para salvar vidas, protección de los derechos humanos y ayuda para garantizar que ningún adulto o niño se quede atrás.
Cuando el desastre golpeó el corazón de Beirut, el Líbano ya se estaba recuperando de los disturbios civiles, las dificultades económicas y financieras, el aumento de la pobreza y el desempleo agravados por las tensiones políticas y un número vertiginoso de casos de COVID-19. Esto se ha visto agravado aún más por la pesada responsabilidad derivada de refugiados sirios y palestinos.
Kong Ravin es Subjefa de Unidad de la Oficina de Lucha contra la Trata de Personas y Protección Juvenil, en el Comisariado de Policía de la Provincia de Kandal en Camboya. Asistió a una capacitación organizada por el proyecto del Programa Conjunto de las Naciones Unidas “Safe and Fair” (Seguro y justo, en español) sobre la protección de los derechos y oportunidades de las trabajadoras migrantes en el sudeste asiático.
Un poeta y compositor llamado Jotamont escribió que las islas de Cabo Verde son “Diez Pequeños Granos de Tierra” en el medio del Atlántico—una pequeña nación archipiélago a 500 kilómetros de la costa oeste de África. Las Naciones Unidas (ONU) ha estado allí presente apoyado a la nación de Cabo Verde durante sus 45 años de independencia
Clement Ejim, de 33 años, ha tenido una carrera satisfactoria como maestro en la escuela de salud en la pequeña ciudad de Abuochiche, Nigeria. Entonces, alrededor de hace un año, se encontró con la oportunidad de expandir su trabajo. Clement se convirtió en parte de la iniciativa Spotlight.
La pandemia de COVID-19 ha sacudido al mundo en su núcleo, profundizando las desigualdades preexistentes. Esta crisis mundial ha intensificado la violencia contra las mujeres y las niñas, y ha impedido aún más que mil millones de personas que viven con discapacidades obtengan acceso a la educación y a servicios vitales para salvar vidas.
Nos enfrentamos a una pandemia devastadora, a niveles nunca antes vistos de calentamiento global, a nuevas cotas de degradación ecológica y a nuevos reveses en nuestra labor en pos de los objetivos mundiales de un desarrollo más equitativo, inclusivo y sostenible.
En Trinidad y Tobago, la violencia familiar y el abuso en el hogar alguna vez se consideró como un asunto doméstico entre cónyuges, un tema tabú del que se hablaba en susurros y ha sido malentendido ampliamente.
COVID-19 es un virus amenazante que se ha extendido ferozmente por todo el mundo. Desafortunadamente, las comunidades que ya eran vulnerables corren un riesgo aún mayor durante la pandemia. Los equipos de las Naciones Unidas en los países y territorios de todo el mundo están intensificando sus esfuerzos para proporcionar un apoyo específico e innovador para llegar a los más vulnerables.