Las mujeres rurales no suelen ser el centro de atención. Sin embargo, deberían serlo, porque en países como Haití, por ejemplo, el cual es vulnerable a los desastres naturales y al cambio climático extremo, estas mujeres demuestran un nivel de coraje y resiliencia extraordinarios.
La migración y el desplazamiento suelen expresarse a grandes rasgos y en números cuantiosos: miles de refugiados, toneladas de ayuda humanitaria, cientos de refugios. La realidad es que el desplazamiento es más bien un rompecabezas de pequeños fragmentos—recuerdos, pérdidas y trastornos.
Las agencias de la ONU lamentan profundamente el naufragio de una embarcación el pasado 11 de octubre en Acandí, Colombia, que transportaba a unas 30 personas hacia Panamá. En esta tragedia perdieron la vida tres personas y otras seis, incluyendo tres menores de edad, se encuentran desaparecidas, según informaron las autoridades colombianas.
El aumento de las inversiones en los sistemas locales de distribución de alimentos es fundamental para garantizar la seguridad alimentaria y la nutrición sostenibles de las personas desplazadas por la fuerza y de las comunidades de acogida, según afirman tres agencias de la ONU con motivo del Día Mundial de la Alimentación, el cual se celebra el 16 de octubre.
“Yo he perdido mi trabajo. Yo he dado a luz. Esto ha sido difícil porque mi hijo también tiene discapacidades”. Estas son las palabras de una abatida madre de dos hijos, Rebecca Bolona. Esta mujer de 38 años habla con nosotros en una pequeña habitación del piso superior del Centro Vitolina, en una zona muy concurrida de Wierdapark, Sudáfrica.
En Tailandia, al igual que en el resto del mundo, los conocimientos de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) son importantes en casi todos los ámbitos de la vida, incluidas las campañas medioambientales como la de Supakarn. Ahora, durante la pandemia, la tecnología es vital para que la gente se comunique y acceda a la información sanitaria, por no hablar de su rol en lo relativo a la educación y el trabajo.
La pandemia ha puesto a prueba a mucha gente, y los periodistas no son una excepción. El coronavirus no sólo ha hecho la guerra contra la vida y el bienestar de las personas, sino que también ha generado innumerables bulos y falacias científicas.
Desde que comenzó en 2011, la guerra en Siria ha matado o herido a unos 12.000 niños y niñas y ha sumido en la pobreza a más del 90% de los niños del país. Otros millones de sirios han huido en búsqueda de la relativa seguridad de los países cercanos, como Jordania, que acoge ahora a unos tres millones de refugiados registrados. Eso incluye unos 2,3 millones de palestinos y casi 700.000 de sirios. Casi la mitad de los sirios son menores de 18 años.